Cultura
Misticismo y tradición zapoteca: Juchitán se envuelve en el sentimiento del Xandu’
Durante el Xandu’, las familias zapotecas de Juchitán se quedan en casa para recibir a sus difuntos en altares que se arman entre familiares, vecinos y compadres.

JUCHITÁN DE ZARAGOZA, OAX.– El misticismo y el profundo sentimiento de nostalgia envuelven a las familias zapotecas durante la celebración del Xandu’ (Todos Santos) en esta comunidad del Istmo de Tehuantepec. Durante los días 30 y 31 de octubre, los hogares juchitecos abren sus puertas y se preparan para recibir a las almas de quienes, de acuerdo con la tradición ancestral, regresan del más allá para reencontrarse con sus seres queridos.
A diferencia de otras regiones del país, donde el punto de reunión son los cementerios, la tradición del Xandu’ dicta que las familias permanezcan en sus casas. Es en la intimidad del hogar donde se espera la llegada de los difuntos, lo que convierte a las viviendas en espacios de comunión, memoria e identidad.

La herencia de los viejos
La confección del altar tradicional es una tarea colectiva que requiere del trabajo coordinado de familiares, amigos, vecinos y compadres. En este ritual, los adultos mayores juegan un papel fundamental al dirigir la colocación de los elementos y compartir con las nuevas generaciones los conocimientos heredados.
Para Alejandro Aquino Sánchez, quien este año dedica el altar a su esposa, la señora Zenaida Carrasco Jiménez, el apoyo comunitario es el pilar de la festividad: “Francamente, (estoy) apoyado con los amigos, vecinos, compadres. Ellos nos echan la mano porque la gente ya mayor de edad sabe la tradición de hacer todo esto; no todos saben. A los jóvenes por eso se les invitó, para que vengan, ayuden y vayan tomando la experiencia de los viejos, de los señores de edad”.

El banquete de las almas
El altar, adornado con velas encendidas y las vibrantes flores de cempasúchil, se convierte en un espejo de lo que el difunto amó en vida. Junto a los retratos de los ausentes se colocan minuciosamente tamales, chocolate, pan de muerto, frutas de la temporada y las bebidas u objetos que apreciaban. Cada elemento representa un fragmento de recuerdo y una manera simbólica de volver a compartir la mesa con ellos.

Mientras los niños juegan cerca de la ofrenda y los adultos comparten anécdotas, el relevo generacional ocurre de manera natural a través de la observación.

Fabián Aquino Carrasco, hijo, enfatiza la importancia de salvaguardar el rito doméstico: “Primero, pues mantener nuestras tradiciones, que son importantes. Otra es valorar lo que nuestros antepasados nos han dejado y preservar esta bonita tradición. Sabemos que nuestros familiares que ya fallecieron, que ya partieron, llegan a nuestras casas. Nosotros no vamos al panteón, nosotros nos quedamos en casa esperando a nuestros familiares”.
Entre el aroma a copal, el parpadeo de las ceras y la viveza de las flores, el Xandu’ demuestra que el vínculo entre los vivos y los muertos permanece intacto en Juchitán, y se consolida como un ritual que desafía el paso del tiempo y mantiene viva la esencia de la identidad zapoteca.



