Opinión
El Mitortero … soñador
Los músicos ensayando para tocarle a quien gane, aunque no sepan quién es. El cura ya está nervioso, porque no sabe si casará a Juchitán con el cemento, con la poesía o con el apellido.

¿Qué tal durmió, mi tribu juchiteca? Yo soñé que Juchitán se casaba. Y no era broma. Era bodorrio, De esos que duran tres días, se acaba la barbacoa pero sigue el baile. Porque Juchitán, ¡mi adorable Juchitán heroico, histórico, doblemente histórico y solterón! ya está en edad casadera y ya le llegaron los novios a la puerta, con flores, con banda y con ganas de quedarse a vivir en la casa. Y como en toda buena boda istmeña, primero se hace la lista de invitados y luego se hace la lista de la familia, que es la misma, pero más larga,
El primer novio que llegó fue Norman Edy. Llegó en una camioneta blanca, impoluta, sin una manchita, con el claxon afinado. Aunque en esta última semana, parece que pisó estiercol. Traía en la cajuela no rosas, traía planos. Traía varilla, traía cemento, traía presupuesto.
Es de familia acomodada, de esas que no piden la mano, piden la obra. Su familia no construye casas, construye futuros. Dicen las vecinas que Norman no sabe bailar, pero sabe colar. Y eso, en Juchitán, ya es media boda ganada,
Él dice, “mi vida, yo no te prometo amor eterno, te prometo pavimento eterno” Y las tías suspiran, porque un hombre que pavimenta es un hombre que cumple.
La segunda en llegar fue Elvis Guerra, ¡Ay, Elvis! Con su nombre de “Rock Star”, llegó bordando. Llegó cantando, con su huipil de cadenilla que vale más que la dote del novio anterior.
No traía anillo, traía aguja. Poeta, artesana, muxe, de esas que no se casan, las casan a ellas. Mientras Norman quiere colar el patio, Elvis quiere bordar las cortinas.
Uno quiere levantar muros, la otra quiere levantar suspiros, Él ofrece concreto, ella ofrece color. Él dice te haré una casa, ella dice te haré un hogar bonito. Y Juchitán, que es coqueto, se deja querer por los dos.
Al fondo, en la mesa donde ponen los trastes que nadie usa, están los otros dos, Los que no pintan, despintan. Llegaron sin invitación, con su trajecito planchado desde la última vela de mayo pasado.
Dicen que quieren casarse también, pero ni ellos se creen. Son los que en toda boda preguntan ¿y la comida a qué hora? Son el relleno, el arroz que se avienta. Están, pero como si no estuvieran.
Pero mi gente, toda boda que se respete tiene su padrino misterioso, El que paga todo y no sale en la foto, El que no baila, pero decide la música,Y ese, mi adorada tribu de lengua zapoteca, es el tercero. El empresario. El del parentesco milagroso.
El que no necesita pedir la mano porque su tío, su primo, su abuelo o más bien su cuñado, ya tiene agarrado el brazo completo. Viene de un empoderado de Morena, De esos que pusieron la primera piedra y ahora son dueños de la cantera, No trae flores, trae bendición. No trae mariachi, trae línea. Y con esa línea, se borda o se hunde cualquier boda.
Ya se imagina usted los preparativos. Las vecinas haciendo cuentas, ¿Quién da más, el que construye, la que borda o el que hereda. Las cocineras discutiendo si habrá barbacoa para todos o solo para la planilla.
Los músicos ensayando para tocarle a quien gane, aunque no sepan quién es. El cura ya está nervioso, porque no sabe si casará a Juchitán con el cemento, con la poesía o con el apellido.
Y el pueblo, el novio verdadero, que es Juchitán, está ahí, con su velo de polvo, con sus baches de encaje, con su luz que se va y viene como novia dudosa, esperando a que alguien por fin le cumpla.
¡Miren! en México las bodas y las candidaturas se parecen mucho, todos prometen amor eterno y a los seis meses ya andan agarrados del chongo. Así que guarde usted su mejor traje, planche su huipil, porque esta boda va para largo. Habrá lágrimas, habrá abrazos, habrá quien se emborrache y grite ¡Viva el novio, aunque no sepa ni cómo se llama!
Por lo pronto, me echaré otro sueño, a ver si me entero quien es el novio misterioso.
¡Papeeeel! ¡Se me acabó el papeeeel! ¡Agur!



